EL BUND EN METROPOLI

Agradecemos la valoración que ha hecho de nuestro restaurante FERNANDO POINT, colaborador habitual de METROPOLI. Sus recomendaciones y apreciaciones nos ayudan a seguir mejorando día a día. Tomamos nota, gracias.

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EL BUND EN METRÓPOLI

En esta arbolada, tranquila, casi bucólica bocacalle de Arturo Soria (buscando con atención, porque el establecimiento es directo) con una de esas sorpresas que hacen tan entrañable y peculiar el panorama mesonero de Madrid: un chalet adosado, antaño guardería infantil -cuando la gente aún tenía hijos, ¿recuerdan?- reconvertido con gracia y con algo de arte fen shui en casa burguesa del Bund el opulento barrio del opulento Shanghai de los años 20 y 30, por cierto muy bien restaurado en el Shanghai (todavía más opulento) de hoy.
La idea es clara: un restaurante chino con cierto lujo y refinamiento, cosa no totalmente nueva en Madrid, pero en este caso con la diferencia de que la empresa también es china y no la de un hotel de cinco estrellas como el Palace o el Villamagna. Y, sí, las copas son de cristal fino, la carta de vinos muy superior a las de la infinita mayoría de los chinos y el servicio bastante esmerado: es lo que se espera de estas ambiciones. Pero la mayor diferencia está en el enfoque de la cocina, mucho más centrado en la autenticidad que en otros lugares. Así, la relativa lentitud del servcio es señal de que aquí no se recalientan tantas cosas ya precocinadas como en otros establecimientos.
Para un cliente español, aun con una cultura culinaria china de base, esa aunténtica encierra -como suele suceder en el Don Lay, en el Hui Feng, en el Ouhuma y demás restaurantes chinos superiores a la media - la promesa de algunos bocados inolvidables, pero también la amenaza de algunos incomestibles porque escapan a nuestro paladar.
Por eso solemos pedir siempre lo mismo en cada chino: lo que nos ha gustado.
Dentro de una misma categoría de platos pueden coexistir las dos cosas: en lo que genéricamente podemos llamar dim sum, en
El Bund hemos probado unos exquisitos panecillos -sí, de harina de trigo rellenos de carne en salazón y unos difíciles shaomai de Shanghai, empanadillitas rellenas de arroz con carne con una condimentación acre que no hemos comprendido. Buenos, en cambio, los jiaozi de marisco y los de huevo frito y espinacas.
Tampoco impresionan los clásicos langostinos Gon Bao (salteados con verduras), porque su salsa de soja resulta gomosa. Más interesante es el pato crujiente con su salsa picante, aunque esté cortado demasiado grueso.
Los tallarines (a los que llaman fideos) frescos están excelentes, y merece atención el apartado, inexistente en la mayoría de los chinos al uso, de las verduras naturales, con un qingcai (que es el nombre en Shanghai del pak choy o col china, que hemos aprendido a apreciar también en España) con setas blancas y negras verdaderamente exquisito.
Es difícil, enfrentándose a una panoplia tan amplia, tan diferente del sota, caballo y rey de los chinos de aquí, sin duda muy razonable aunténtica pero con justicia la cocina de un restaurante como El Bund. De ahí esa nota que le damos, intermedia, animándoles a seguir puliendo una oferta aún en rodaje: si lo hacen, éste puede acabar siendo un muy buen restaurante.